Lerin Yampen es la creación de una mente enferma que decidió vomitar sus biliares opiniones en el mundo. Ya no le alcanzaba con gritarlas sobre un cajón de naranjas en esquinas aleatorias de la ciudad. Ahora recurre a medios de mayor alcance y menores probabilidades de palizas y otro tipo de humillaciones en la vía pública. Además, descubrió que vociferar elucubraciones sobre juegos en medio de Buenos Aires no era un modo efectivo de "vomitar en el mundo". Inmediatamente creó un blog. ¿Qué mejor lugar para vómito léxico y opiniones vacías?
¿Por qué?
Porque se puede y es gratis.
¿Cuándo?
Lerin Yampen recurre al famoso método de serialización conocido como "cuando se me cante la chota". La voluntad del autor cobra nuevas dimensiones bajo este elegantísimo sistema gracias al cual las fechas límite no son un problema y las ideas pueden fluir y ser publicadas sólo cuando realmente están maduras. O cuando "se me cante la chota", que generalmente no coincide con lo anterior. De cualquier modo, es la única metodología de trabajo de la que es capaz gente que está acostumbrada a emitir sonidos estridentes sin sentido en esquinas transitadas de la capital porteña. (Cf. ¿Qué?)
¿Quién?
En una época donde los héroes ya no existen, o al menos nadie se los cree, una mente degenerada intenta llenar el vacío que dejó el ocaso de los ídolos. Aunque la materia y la forma con la que lo hace sean cuestionables.
Bajo el estandarte único de once misteriosos caracteres componiendo un nombre propio, el tetragrámaton de los perdidos, los pervertidos, los enfermos, los violentos, los malditos hijos de la cultura del entretenimiento, llevará a cabo las proezas que harán de su vida una hazaña sin par. O un blog menor donde guardar ocasionales escritos fruto de una vida poco ocupada.
Bajo el estandarte único de once misteriosos caracteres componiendo un nombre propio, el tetragrámaton de los perdidos, los pervertidos, los enfermos, los violentos, los malditos hijos de la cultura del entretenimiento, llevará a cabo las proezas que harán de su vida una hazaña sin par. O un blog menor donde guardar ocasionales escritos fruto de una vida poco ocupada.
Las siglas de su dios componen su cruz, las reglas del medio que explora son sus mandamientos, las mecánicas su fetiche, la crítica su arma y "jugar" el único verbo posible.
La mística del juego será la superficie del enigma de Lerin Yampen y el vehículo para descubrir que la depresión no es más pronfunda que la diversión.
¿Qué carajo...?
Las palabras "Lerin Yampen" son un misterio.
Hay quienes dicen que son los once caracteres sagrados encontrados en ruinas toltecas por anónimos exploradores que ya nadie recuerda, sus secretos perdidos en los mares de la historia y la burocracia, traducidos en convencionales fonológicos. Se especula que estos caracteres, al pronunciarse de la manera correcta, en el momento adecuado del ciclo lunar, son capaces de abrir un portal de comunicación con el mundo de los muertos, proveer juventud eterna al invocador y otros pintorescos poderes sobrenaturales.
Otros intuyen que con los cálculos matemáticos adecuados, igualando cada uno de los misteriosos once a un número de acuerdo a su posición en el alfabeto español, es posible resolver los misterios más profundos del universo.
También cuentan que de escribir estos caracteres en la frente de una escultura antropomórfica de barro, ésta inmediatamente se convertiría en un increíble jugador de Starcraft, capaz de alcanzar 236.000 APM, aunque incapaz de construir unidades que no sean trabajadores. O un dedicado profeta de altos decibeles destinado a relatar sus visiones apocalípticas sobre contenedores de fruta a lo largo y ancho de la urbe que habite.
Cualquiera sea la verdad, los once caracteres poseen un inexplicable atractivo, tal vez estético, pero tal vez sea mucho más.